14-09-11
EL PRINCIPADO DE SEALAND Declarado independiente hace 44 años, tiene Constitución, bandera e himno
NAIRA HOFMEISTER DESDE PORTO ALEGRE
A 11 kilómetros de la costa oeste de Inglaterra una antigua base militar británica de 500 m² -erigida durante la segunda guerra mundial para servir de defensa ante los alemanes- se ha convertido en símbolo de una utopía por la independencia y autonomía.
Primero para la familia de Paddy Roy Bates, un ex integrante del Ejército inglés que en 1967 invadió la base abandonada y un año después la declaró un país independiente porque legalmente estaba afuera de las aguas territoriales de Gran Bretaña. En la actualidad, también lo es para los 39 mil seguidores del perfil de Sealand -como se llama el lugar- en Facebook o para centenares de personas que se apuntan a las conferencias de los representantes del gobierno alrededor del mundo, en las que debaten esta subversiva idea de nación.
«Recibimos un promedio de 20 solicitudes al día de personas que quieren convertirse en ciudadanos de Sealand. Otros nos escriben preguntando qué deben hacer para crear su propio país», explica el hijo de Roy, Michael Bates, que detenta el titulo de príncipe regente de la isla desde que su padre se alejó del gobierno por problemas de salud en noviembre de 1999.
El monarca estuvo en Porto Alegre, capital de Río Grande del Sur en Brasil, para participar de la 8ª Bienal del Mercosur, que este año debate el concepto de territorio bajo el punto de vista del arte. Sealand participa de la muestra con una «embajada» en el sector llamado Zona de Autonomía Poética y es descrito en el catálogo como una «micronación» o «el menor país del mundo», lo que para Michael es un ejemplo de reconocimiento, como muchos otros que recibió a lo largo de la historia, aunque nunca un gobierno.
«Existen dos tipos de reconocimiento: uno, el político y diplomático, que todavía no tenemos. Y otro, de facto, que sí lo tenemos porque la gente sabe de la existencia del lugar», enfatiza el regente de la isla.
Las autoridades europeas no solamente se percataron del territorio autónomo en el mar de Inglaterra, sino que ya tuvieron que negociar diplomáticamente con este Principado en dos ocasiones. Primero en 1968, cuando la Corte Suprema de Inglaterra declaró que este país no tenía competencia para intervenir en el territorio, que estaba afuera del área marítima bajo jurisdicción inglesa.
Diez años más tarde, fue el turno de los gobiernos de Holanda y Alemania, que enviaren documentos diplomáticos oficiales para intentar liberar a sus ciudadanos, que habían invadido la isla para tomarla, pero que acabaron encarcelados por los «hombres de Roy», conforme está resumida la situación en la página de internet de Sealand.
«Hace muy poco tiempo, el gobierno de Estados Unidos no reconocía a China. Es un país con tres billones de habitantes, pero decidieron que no existía. Los gobiernos son como un grande clube, entran los invitados», critica ácidamente el príncipe.
A pesar de que hoy Sealand cuenta con su propia Constitución («que defiende la libertad de expresión y la religiosa», según garantiza Michael), un sistema bancario que confecciona las monedas del dólar de Sealand (que tiene equivalencia al estadounidense), himno, bandera y armas con el lema «E Mare Libertas», o «Del mar, la libertad», cuando Roy se instaló en la plataforma militar, lo único que deseaba era poner al aire una radio pirata para escuchar a los Beatles y a los Rolling Stones. «Había centenas de radios piratas funcionando en barcos alrededor de Inglaterra. La nuestra era una más», explica el monarca.
En los años sesenta la radio estatal BBC transmitía nada más que una hora de música joven al día, lo que llevó a que muchas personas fundaran sus propias transmisoras en barcos que podían escapar de los límites de la jurisprudencia británica. Es una historia que está parcialmente contada en la película The Boat That Rocked, que según el príncipe Michael, fue un plagio mal hecho de la historia de Sealand.
Su justificación para el cambio de objetivos en la base militar es sencilla: «locura», argumenta. La misma que los lleva a mantener hasta hoy el pseudopaís, cuyo tesoro nacional proviene del negocio de pescadería que tiene la familia Bates en Essex, Inglaterra. «Un homenaje a la locura de mi padre».
Además, instalaron hace poco un servidor de internet en la isla que, esperan, impulse el desarrollo económico del país. «Tenemos ahora un proyecto para crear áreas para la agricultura en Sealand», revela. También venden artículos como jarras, pulseras y llaveros que ayudan a aportar fondos y comercializan títulos de nobleza, por los que cobran entre 29,99 y 59,99 libras.
Porque tienen que proveer los recursos de Sealand, el príncipe Michael y la familia real no viven en la base militar, que en este momento cuenta con solamente dos habitantes, ambos empleados del gobierno, que realizan trabajos de manutención. «Pero recientemente tuvimos 25 personas viviendo allá», remata el príncipe.
Un serio país de mentira
14/Sep/2011
El Observador, Naira Hofmeister